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Piratas PDF Imprimir E-Mail
FUNDACION DE LA COMPARSA

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Es la tarde-noche de un día de mediados (posiblemente el 15) de Agosto del año 1939. Se cumple con la sana costumbre de reunirse en ¨El Paseo¨ para disfrutar de un rato de ocio y tertulia con los amigos. Por su proximidad el tema que prevalece en la mayoría de los grupos es el de FIESTAS. En uno de estos grupos o peñas se encuentran, entre otros, Joaquín López Llacer, Alberto Pardo, José García Galbis, Pedro Hernández Hurtado y Pablo Castelo Villaoz que acuden tras haber asistido, como invitados, a una Junta General con la Comparsa de Estudiantes en la que pretendían ingresar, pero al comprobar que les iban a resultar las Fiestas más caras de lo que sus presupuestos particulares les permitían y animados por el vino ingerido en la referida Junta, optan por estudiar la posibilidad de fundar una Comparsa nueva que les resulte más económica, y a la vez, gozar de una cierta autonomía. Entre ellos se rememoran tiempos pasados y, sobre todo, el recuerdo de la intención que tuvieron en 1935 de fundar la Comparsa de Piratas, que no se llevó a cabo a causa de la interrupción que supuso la guerra civil. Así surge la idea de dar cumplimiento a aquel proyecto dormido, deciden llevarlo a término y estructurar definitivamente la nueva Comparsa.
 
Todo son dificultades: no hay uniforme definido, el tiempo que falta para fiestas es escaso, no son suficientes en numero y si añadimos la escasez de medios económicos y materiales que se padecen en este momento, parece imposible que se pueda seguir el propósito marcado. Entonces afloran en todos ellos y con gran intensidad dos factores que harán posible llevar a feliz término tan deseado proyecto: el empeño que todos le ponen y la juventud, siempre insatisfecha, que en ellos rebosa. Con estos ingredientes se puede conseguir cualquier propósito. ¡ Hay ganas y ánimo!. De inmediato se empieza a trabajar para salvar todas las dificultades. Se reúnen en ¨el pino¨ del kiosco del Parterre, en donde Joaquín López presenta varios diseños de traje de Pirata, de los muchos que lleva hechos desde hace varios años, ya que tiene gran habilidad y mucha afición por el dibujo, como lo demuestra el haber sido acreedor al Premio del Concurso convocado por el Club de Fútbol Villena para dar un escudo al Equipo. De entre ellos escogen, (según afirmación del propio Joaquín) el último que ha realizado. Cerca de ellos se encuentra el Alcalde, D. Antonio Martínez, y aprovechan la oportunidad para exponerle la idea, a lo que el Sr. Alcalde les responde invitándoles a asistir a la reunión de la Comisión de Fiestas que se ha de celebrar al día siguiente y ante la cual hay que exponer el deseo de formar una nueva Comparsa. Al día siguiente se presentan ante la Comisión de Fiestas, presidida por el Teniente de Alcalde D. Juan Hernández Hernández, exponen su pretensión y presentan la correspondiente solicitud de admisión de la Comparsa de Piratas en el contexto de la Fiestas. La Comisión duda de la admisión porque ve serias objeciones para que sea aprobada la petición, entre las que destacan: la premura de tiempo, el sitio a ocupar en los desfiles, el incremento de presupuesto de subvenciones (que supone unas tres mil pesetas), y se buscan otras, entre las que destaca la incertidumbre de que la Comparsa llegue al Portón, dado el carácter jovial de sus componentes. Después de larga y dura discusión, en la que los distintos miembros de la Comisión utilizan todo tipo de estrategias para evitar la aprobación, pone fin a ella el Sr. Presidente, D. Juan Hernández, con la frase: ¨Pero, camaradas, ¿ a estos muchachitos quién se atreve ahora a negarles nada?. Vamos a aprobarles la solicitud como quieren¨. Y así queda aprobada.
 

 
Se fija en el orden de desfiles ir detrás de los Estudiantes, pertenecer al bando Cristiano y se adquiere el compromiso de completar la Entrada con la garantía de que la Comparsa llegará al Portón. Ya hemos entrado en la segunda quincena de Agosto por lo que es preciso trabajar con rapidez y entusiasmo. El primer inconveniente se encuentra en el escaso número de componentes de la recién fundada Comparsa. ¡ Hay que buscar más miembros!. Entonces es cuando Juan Manuel Lucas Conca apunta la idea de invitar a otra peña de amigos que se suele reunir en el Bar del Tio Pepe ¨El Cafetero¨. Acogida de buen grado la idea, se encaminan hacia la Plaza del Rollo y, tras comprar en la parada del ¨Bombo¨ un melón, se presentan en el citado Bar y comparten con la otra peña ideas, proyectos, ilusiones y, como no, el melón recién adquirido. Después de un rato de tertulia, unidas las dos ¨peñas¨, deciden vivir lo más intensamente posible las próximas Fiestas en compensación a los avatares padecidos durante los tres meses anteriores. De este modo queda el compromiso formal de veinte componentes seguros y la posibilidad de engrosar el número en alguno más, que por indecisión o por no encontrarse presente en este momento, no se dan como definitivos. Esa posibilidad se hace realidad y la Comparsa de Piratas queda constituida por los siguientes socios:

JUAN FRANCES HERNANDEZ
FRANCISCO FERRIZ CATURLA
FRANCISCO VELASCO PI
JUAN RUIZ CONEJERO
PEDRO HERNANDEZ HURTADO
ALBERTO PARDO CATURLA
JERONIMO ESPINOSA MUÑOZ
JUAN MANUEL LUCAS CONCA
MIGUEL ESQUEMBRE GARCIA
JOSE ALONSO MARCO
PABLO CASTELO VILLAOZ
MANUEL SAUCO HERNANDEZ
CEFERINO FERRANDO GONZALEZ
LUIS MARTINEZ ANDRES
ANDRES HURTADO HERNANDEZ
FEDERICO GARCIA GALVIS
JOSE CORTES CAMARASA
TRINO CUELLAR CATURLA
JOAQUIN LOPEZ LLACER (pirata mayor)
JOSE GARCIA GALVIS (presidente)
JOSE HERNANDEZ (tesorero)
DIEGO GARCIA GARCIA (capitán
EMILIO CABANES SANJUAN (alférez)

Ya están determinados los socios. Se ponen en marcha y hay mucho que hacer: Presupuesto, reunir fondos necesarios, buscar telas y materiales para la confección de los trajes, farola, bandera, carroza, música, ensayos, etc. Los primeros ingresos, sin haber establecido cuota alguna, se consiguen a través de unos ¨besalamano¨ que Joaquín López Llacer (El Potas) encarga y firmando ¨YO EL PIRATA MAYOR¨ los hace llegar a los amigos y conocidos a los que se les invita a que ayuden económicamente a la nueva Comparsa. La aportación más generosa fue de un espléndido autor y de forma completamente desinteresada, la de D. José Rocher Tallada. El traje a de ser confeccionado rápidamente. Se despliegan fuerzas y por parte de Miguel Esquembre, del prestigioso establecimiento que su padre, Juan Esquembre, tiene en la calle Mayor, proporciona el crep-satin negro necesario para la confección de las camisas, la seda blanca para las fajas y, al no conseguir panilla que era la idea inicial, pana negra de canutillo para los pantalones. Todo ello se lleva al taller de sastrería de Andrés Hurtado que se encarga de confeccionar los primeros 23 trajes de Pirata.
 
Por otro lado, para la fabricación de las botas en el ¨grupico¨ que tienen formado Juan Manuel Lucas, José Cherro y Cheroni, Joaquín López se desplaza a un almacén de curtidos de Elda, cuyo gerente y buen amigo de Joaquín le aconseja, por economía y problemas técnicos, reducir las botas a sólo altas y amplias, terminadas en almenas, ya que en el diseño son de gran vuelta amplia hasta las rodillas. La Bandera, como todo lo demás, a de ser sencilla, tela negra y la calavera blanca bordada en el centro, por cierto, el bordado de la bandera y la ¨vainica¨ de las fajas corre a cargo de Dª. María Hurtado Martínez. La bendición de esta primera bandera tiene lugar en la capilla del Colegio de las Hermanas Carmelitas el día 3 de Septiembre y es Madrina Rosaura Castelo, hermana del socio Pablo Castelo, de 3 años de edad y a la que familiarmente se le llama ¨Cuqui¨. La Farola la diseña y construye Agustín López Llacer, hermano de Joaquín, que con cartón mojado modela una calavera sobre dos tibias y de la que emanan destellos luminosos por los huecos oculares y la boca. Otra dificultad a salvar es contratar la Banda de Música, imprescindible para los desfiles. La más próxima es la de Cañada. Allá van los Piratas.
 


Se encuentran que está apalabrada con otra Comparsa, pero finalmente la contratan por 1.500 pesetas y el alojamiento en Casa Pepe. En el contrato se hace constar que deben aportar dos bombos, uno para la banda y el otro para el uso de los componentes de la Comparsa. No hay que tener mucha imaginación para saber el estado en que ha de regresar a Cañada el segundo bombo. Para cerrar el proceso preparativo y estar dispuestos para el gran acontecimiento, La Entrada, el Pirata y gran artista Pepe Cortés Camarasa elabora el diseño de la Carroza, consistente en un galeón a cuyos lados asoman tres bocas de cañón. Se encargan de materializar dicho diseño los hermanos ¨Culón¨ en el Garaje Gosálvez sobre el chasis de un camión viejo. En la pintura y embellecimiento de la Carroza intervienen casi todos los socios, quienes aprovechan las tardes para tirar de brocha y a la vez de tintorro. El presupuesto asciende a tres mil pesetas y por poco se va al traste el esfuerzo de varias tardes y el dinero invertido en ella cuando el día 4 por la noche la trasladan varios Piratas a la Losilla al tiempo que cantan el siguiente estribillo: ¨Todos los Piratas son unos borrachos,  menos el Potica, que es un buen muchacho¨.

Se buscan chicas que estén dispuestas a salir en ella y aceptan la invitación:

AURORA CASTELO VILLAOZ
JUANITA GARCIA GARCIA
CONCHITA HERNANDEZ HURTADO
PEPITA PEREZ RUIZ
MARGARITA VELASCO PI
VIRTUDES FERRIZ CATURLA (capitana)
LOLA GUILLEN DOMENE
MARIA MARCO AHUIR
PIEDAD PEREZ RUIZ
Y LA NIÑA CUQUI CASTELO VILLAOZ

Cuqui viste un traje de raso blanco y figura como una perla de una enorme concha que se coloca en la Carroza. El traje de estas lindas muchachas consiste en una blusa blanca, falda negra (bastante corta) a girones adornada con una calavera bordada en blanco y faja azul. Cubren sus cabezas con unos amplios sombreros negros realizados en sombrerería Leovigildo, que cobra por la confección de los nueve sombreros la cantidad de 50 pesetas. Las botas se las preparan las mismas muchachas a base de cartón y forradas de crep-satin negro. Hay un fenómeno político-social consecuencia de la recién acabada contienda muy difundido y practicado: La Depuración. Pues bien, los fundadores dan rienda suelta a su buen humor y caricaturizan dicho fenómeno creando su propia ¨depuración¨. Consiste en ingerir cada socio un litro de mistela, a ser posible de un trago. Como carecen de vasos de tal capacidad, lo realizan en un orinal que les regala Bazar Querol. El primero en ¨depurarse¨ fue, lógicamente, el principal Pirata, Joaquín López Llacer, que se engulló el litro en tres tragos. Le siguió José García Galvis que lo hizo en dos. Y así uno tras otro pasaron por la depuradora que estaba ubicada en la Delegación de Prensa y Propaganda (Café Artístico) donde se reúnen con frecuencia para tratar asuntos de la Comparsa. El gran susto lo provoca Alberto Pardo que, al beberlo de un solo trago, se quedó sin respiración. No pasa de un susto y se finaliza la ¨depuración¨ felizmente. Se reúnen para ensayar en la bodega de Joaquín García, hermano del Capitán de la Comparsa, sita en la Losilla y conocida también como Bodega del Tio Pepe Cerdán. En lugar de ensayar evoluciones para los desfile se dedican a bajar el nivel de uno de los conos, algo así como dos ceños. En el primer acto oficial de la Comparsa, El Pasacalles de 1939, celebran la ¨repliega¨ con las demás asociaciones festeras.
 
Y llega el 5 de Septiembre, el gran día. Se come temprano. El nerviosismo es la nota dominante, al igual que los actores en su primer estreno. La ¨función¨ está apunto de comenzar. El primer acto fundamental en las fiestas, La Entrada, ha de ser la prueba definitiva que marque el carácter y la singularidad de la nueva Comparsa por su modo de ser y actuar. Son las cuatro de la tarde, inicia el desfile la Laureada Banda Municipal y le siguen en el orden tradicional todas las Comparsas. Ya salen los Estudiantes y, ¡por fin les corresponde salir a los Piratas!. Lo hacen en dos filas, delante de ellas van dos negritos, Salvador Postigo Ranea y Pepito Mira, con sendos arcones y, como no, El Pirata Mayor de Cabo de Gastadores. A continuación la banda de Música y en último lugar la Carroza con las diez señoritas citadas anteriormente, el Alférez y el Capitán. La juventud, la alegría y el buen hacer de los Piratas dan la respuesta adecuada a la gran expectación que ha despertado en el público la nueva Comparsa. Sus evoluciones durante el recorrido arrancan salvas de aplausos de los espectadores que esperan con ansiedad la llegada de los neófitos de las Fiestas. Todo transcurre con normalidad hasta la Corredera cuando, a la altura de la calle Párroco Azorín, y sin causa aparente, los bueyes que arrastran la Carroza se espantan y arremeten contra el público mientras las dos escuadras hacen filigranas ante la casa de Joaquín, cuyo padre los anima diciéndoles que todo va bien. Don José Rocher Tallada sale de detrás de la silla de ruedas en la que se encuentra su esposa Doña Eulalia Pérez Marsá en la misma boca de la calle Párroco Azorín y ayuda al boyero Calderón a dominar los bueyes y devolver la tranquilidad. Pero a los veinte o treinta metros aparece un festero de otra Comparsa montado a caballo. Se le pide que salga de la calle y regrese por otra, pero no hace caso y provoca una segunda espantada de los bueyes. Gritos y miedo por parte del público y, sobre todo, de las chicas que van en la Carroza que piden bajar porque están muy asustadas. Para restablecer la normalidad y sujetar y apaciguar los bueyes acuden todos los componentes de la Comparsa que consiguen reducir la yunta a base de arcabuzazos. Ya restablecido el orden, aparecen dos policías conocidos por ¨El Caza¨ y ¨El Trimotor¨ a quienes, quizás por el nerviosismo ocasionado por los incidentes y su temperamento, se enfrentan a Juan Manuel Lucas Conca por la insistencia de aquellos en acelerar la marcha de la Comparsa. Como consecuencia se lo llevan detenido y, al darse cuenta, Pedro Hernández Hurtado les acompaña a la Comandancia Militar ubicada en la Casa de Amorós, donde se encuentra el Comandante Jiménez a quien le explican el suceso dejandolo en libertad al momento. Mientras tanto el resto de la Comparsa se niega a continuar desfilando, aunque se mantienen marcando el paso, hasta que no regresen los compañeros, que lo hacen a la altura de la Casa de Correos. De esta manera queda zanjado el asunto y felizmente termina La Entrada entre el júbilo y la alegría con la que había comenzado. El resto de las Fiestas es un incesante peregrinar de un lado a otro, sin dejar el traje ni de noche ni de día. A base de bromas y trastadas, la mayoría de los socios no duermen en sus casas y dedican las veinticuatro horas de cada día a disfrutar al máximo entre anécdota y anécdota, como la ¨guerra¨ que dieron en la Retreta con un burro cuyo dueño quería hacer con ellos lo que ellos habían hecho con el pollino, o el traslado a empujones de la Carroza desde el Portón a la Puerta de Almansa, en donde se les escapó sin poderla retener y que afortunadamente no tuvo ningún tipo de desgracia.
 
 

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